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Y vamos con la tercera entrega de i-dream v.1. Éste trocito forma parte de un post, bastante más extenso, que escribí el 13 de Marzo de 2004, dos días después del 11M, cuando toda la tragedia estaba más asentada.
No he reproducido el post completo porque sinceramente, la otra parte, la que habla más extensamente del atentado, de la situación de entonces, de los políticos y de tantas otras cosas relacionadas, se me antojaban extrañas. Así que he seleccionado únicamente la parte que creo que merece la pena salvar. Hay otras muchas cosas que no se merecen un segundo pensamiento.

Sé que falta menos de un mes para el aniversario, pero no creo que sea correcto hacer más leña del árbol caído y bastante leña se hará entonces gracias a los medios, así que…

Entre grandes bloques de hierro y con los ojos anegados en lágrimas, miraba a su alrededor.
Solo oía gritos, llantos… No veía nada. ¿Por que no podía ver nada? Gritó. Gritó con todas sus fuerzas, levantó la mano, intento incorporarse. Pero no pudo. Sintió como si le oprimieran el corazón. Se quedaba sin aire. Sentía el dulce sabor de la sangre en sus labios. Se estaba yendo entre sus dedos, notaba un reguero sanguinolento mojar cada centimetro de su alrededor.
De repente, alguien acudió a su lado. Le retiró la sangre de la cara, le susurró con voz amorosa que todo estaba bien. Ella sonrió. Intentó contarle que ella no debía estar ahí. Tenía un hijo que cuidar. Su familia, iban a extrañarla. Debía ir con ellos.

Shhh…

Esa fue toda la respuesta que recibió. Sintió como unas manos, frescas, le limpiaban los labios, los párpados y los orificios de la nariz. Dejó de oír gritos y llantos y solo se dejó llevar por esa voz y esas manos.

- Otro más… ¿Cuántos más vamos a sacar, ya muertos? Ésto es horrible. -
Con cuidado, uno de los voluntarios, cogió en brazos el cuerpo inerte de la mujer, llena de sangre, y la llevó aparte.
Lejos de allí, una mujer sonreía. Ya no sufría y ya no tenía los ojos tapados con sangre. Unas manos la transportaban mientras ella sólo se hundía en la oscuridad que le daba la bienvenida.


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