¿Sabéis ése (glorioso) momento en que estáis tan (pero tan) cerca de conseguir algo que ya podéis saborearlo en la boca y visualizarlo sin problemas al cerrar los ojos?
Nosotros nos encontramos en ése momento, justo ahora, en éste preciso instante.
Porque todavía faltan semanas para que estemos juntos (diariamente) de nuevo, pero cada vez ése hecho se acerca más y más
Y el detonante es haber encontrado y conseguido el piso, ése donde viviremos nuestro nuevo inicio allí, lejos, en Londres.
Y ahora que hemos tachado ésa tarea pendiente de la lista y que Miguel se ha instalado éste fin de semana, es como si ya estuviéramos allí, como si fuera pasado mañana cuando se hará realidad todo ésto al fin, y soy feliz, la verdad. Muy muy feliz.
El piso es pequeño, pero es una monada. Es el segundo piso de una casa de época, pero está reformado del todo. Está un poco lejos de todas partes, pero viviremos practicamente junto a Wimbledon, con una estación de tren y autobús al lado y otra estación de tren y dos de metro un poco más lejos.
Pero todo éso, a pesar de todo, no importa, porque tiene parte del techo abuhardillado, y me encanta, porque tiene una cocina cuquísima y todo el suelo de parqué, y sobretodo, porque va a ser nuestro hogar durante un tiempo. Nuestro nuevo hogar, dónde Miguel ya está viviendo y dónde está preparándolo todo para mi llegada.
Y aunque falta todavía para ése día en que coja el avión para irme, es como si ya lo tuviese al alcance de la mano, a pesar de todo… Porque el día 7 de Marzo está a la vuelta de la esquina…









